Nadia | By Michael Tessier
Yutaka Taniyama fue un matemático japonés conocido por la conjetura Taniyama-Shimura, que se hizo célebre porque su demostración sirvió para probar el último Teorema de Fermat. Si les interesa leer sobre ciencias, en este caso matemáticas y, en el caso de Taniyama y Shimura, específicamente Teoría Algebraica de Números, les recomiendo que busquen sobre el tema. Sobre el Teorema de Fermat recomiendo el libro de Simon Singh llamado “El Teorema de Fermat”.
Espero no haber ahuyentado a muchos con esa brevísima introducción. Necesitaba dar un pequeño contexto para entrar al tema. Taniyama se quitó la vida a los treintaiún años y tiempo después, su colega, Goro Shimura dijo sobre él lo siguiente:
“Taniyama, como matemático, no era cuidadoso. Cometía muchos errores, pero los cometía en la dirección correcta, y así, eventualmente, llegaba a las respuestas correctas, y yo traté de imitarlo, sin embargo, descubrí que es muy difícil cometer buenos errores.”
Me fascina la idea de cometer buenos errores. Me parece que alguna vez ya había escrito sobre el mal concepto que se tiene, en algunas sociedades, del fracaso. En México fracasar es algo terrible y ser identificado como un fracasado es un insulto y una pena difícil de sacudirse. He escuchado en repetidas ocasiones decir a diferentes personas que su mayor temor es fracasar, yo lo he dicho múltiples veces.
Durante muchos años me sentía un fracaso y esa pesada losa, junto con otros problemas, estuvo a nada de hundirme y asfixiarme. Me he equivocado mucho y varios de esos errores han sido mayúsculos. Hace unos días leí “olvida el problema, recuerda la lección”. Me di cuenta que no sé cómo hacer eso, nunca olvido el problema y a veces olvido la lección. Termino castigándome, reprochándome y avergonzándome una y otra vez por cosas que hice años atrás, incluso una o dos décadas atrás. En vez de aprender y crecer, me atormento y flagelo sin piedad por cosas que nadie recuerda.
Es inevitable equivocarse, tardé en entenderlo, necesité que mi familia me ayudara a conciliar nuestra falibilidad con la realidad de la vida. Lo que podemos controlar es la forma en la que nos equivocamos y cómo asumimos esos errores. Quisiera poder cometer errores en una misma dirección y que esa sea una buena dirección, pero como dijo Shimura, es difícil cometer buenos errores. Lo mejor que puedo hacer es aspirar a eso y corregir el rumbo cada que se requiera. Lo que no quiero hacer es temer a equivocarme, porque cuando no te atreves a intentar cosas, te cierras a todo tipo de posibilidades.
Necesitamos ver los errores como algo positivo, siempre y cuando no estemos generando daño a otros o el medio ambiente, porque significa que estamos probando cosas nuevas, que estamos aprendiendo, que estamos viviendo de forma plena. La mejor forma de aprender es equivocarse y la mejor forma de equivocarse es haciendo, actuando, intentando. Esto aplica para todo. Habla con esa persona, en vez de mentir di la verdad y asume tu responsabilidad, haz la pregunta que te da pena o miedo hacer, hazte preguntas difíciles y persigue la respuesta, propón distintas soluciones, busca formas diferentes de hacer las cosas, haz lo que llevas meses o años deseando y no te animas.
“La inspiración es para los aficionados; el resto de nosotros se pone a trabajar.” (Chuck Close.)
Chuck Close es un pintor y fotógrafo que, de forma tajante, acaba con los mitos que rodean a la inspiración. Los artistas que celebramos, cuyo arte disfrutamos y valoramos, son un producto de trabajo incesante, de rutinas y disciplina, de no temer equivocarse, de cometer errores en la misma dirección y la mayoría de las veces en la dirección indicada. Empiezo a salirme del tema inicial, pero quiero incluir las tres citas que rondan por mi cabeza en estos días. La última es de Albert Camus y habla sobre el génesis de las grandes ideas.
“Las grandes acciones y todos los grandes pensamientos tienen un comienzo irrisorio. Las grandes obras nacen a menudo a la vuelta de una esquina o en la puerta de un restaurante.” (Albert Camus, El mito de sísifo.)
No hay que tener miedo a equivocarse, hay que trabajar y no hay que descartar lo irrisorio. Me parecen tres buenos consejos, incluso mantras, para la vida. ¿Qué ideas tienes sin explorar? ¿Qué te ha dado miedo hacer? ¿Cómo es tu rutina de trabajo? ¿Cómo está tu disciplina? Estas preguntas son mi punto partida.
Mis Vuelos, Ave Literaria.
